Todos se subieron al tren… de cercanías

Por: Nicolás Rojas Holguín

Siempre será positivo recibir la confirmación de la construcción del tren de cercanías que conectará a Facatativá con la capital de la República, una noticia que alivia un poco el terrible problema de movilidad que vive Mosquera, Funza, Madrid y Facatativá en los últimos años, entre otras cosas, por decisiones de ex alcaldes que hicieron “maravillas macondianas” con el ordenamiento territorial de sus municipios.

Según fuentes oficiales, los primeros vagones empezarían a funcionar en el año 2021, afirmación que personalmente pongo en duda, teniendo en cuenta la lentitud con la que avanzan las obras en Cundinamarca, situación que no sólo se presenta en el departamento sino en toda Colombia.

Hablando de los detalles del tren de cercanías es válido precisar que la velocidad de operación en la zona urbana será de 28 Km/h y en la zona suburbana de 70 km/h. Las principales ventajas de este sistema consisten en la reducción de la congestión vehicular, el tiempo que puede ahorrarse una persona en un viaje regular y la reducción considerable de la contaminación ambiental.

El costo del proyecto será de 1,5 billones de pesos, del total, el 68% será financiado por la Nación, mientras que el 32% estará a cargo de la Gobernación de Cundinamarca. Aunque con las proyecciones económicas, la inflación y los posibles sobrecostos de la operación, se calcula que el costo total de esta iniciativa pueda ascender a los 2.5 billones de pesos.

El tren de cercanías tendrá 41 kilómetros, 17 estaciones, 6 subestaciones urbanas, 11 estaciones urbanas y se estima que en promedio se movilicen 125.690 personas por día. Nada mal para el caos que sufrimos actualmente para llegar a Bogotá.

Sobre el proyecto, hay que decir que, impulsará la integración de la región metropolitana de Bogotá enormemente, será crucial para el desarrollo de la capital y de la Sabana cundinamarquesa, además, sin lugar a dudas, definirá el crecimiento de la ciudad en los próximos años y será clave para mejorar las cifras económicas del país.

Mirando un poco al futuro y consultando un prestigioso economista, los presupuestos anuales de los departamentos en los próximos diez años girarán alrededor de los 500.000 millones de pesos para el desarrollo de obras, platica de dónde saldrá ese 32% que debe colocar el departamento inicialmente.

Ahora el balón está en el terreno de la Asamblea de Cundinamarca, ya que hasta el 11 de noviembre tiene plazo para aprobar las vigencias futuras, antes de que empiece a regir la ley de garantías para las elecciones del 2018. En caso de que no se aprueben las vigencias futuras antes de ese día no se podrán realizar convenios interadministrativos y sólo se podría iniciar la operación después de que sea elegido un nuevo presidente, dato no menor y políticamente incierto.

Por el momento, lo que debemos hacer es rezar para que los distinguidos diputados tengan la lista de ordenanzas del proyecto completa y se pueda iniciar la obra a mediados del 2018.

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