Cundinamarca no es ajena a una catástrofe

Por: Oscar Sánchez Cruz

Con ocasión a los lamentables hechos ocurridos el pasado 19 de septiembre en México a causa del terremoto que deja al día de hoy 319 víctimas fatales, vale la pena preguntarnos si nuestro departamento está lo suficientemente preparado para reaccionar adecuadamente a una tragedia de esta índole, por esta razón me tomé a la tarea de investigar sobre el tema y encontré un estudio bastante interesante sobre la “Evaluación de amenaza sísmica en municipios del departamento de Cundinamarca” realizado por Oscar Iván Segura Hernández de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas de la Facultad Tecnología, Ingeniería Civil Bogotá, en el año 2015.Según la NSR-10 (Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente) Cundinamarca al estar ubicada en una zona de amenaza sísmica intermedia-alta necesita de un conocimiento más elaborado sobre este peligro, lo que implica gestionar estudios para la reducción del riesgo sísmico del departamento con respecto a las aceleraciones máximas esperadas.

Esto significa que deben evaluarse los probables niveles de peligro sísmico, analizando los principales factores como lo son: tectónicos, sismológicos y geológicos, entre otros, todo lo anterior con el objetivo de encontrar lugares con el menor riesgo posible para ser poblados a futuro, brindar estudios de amenaza sísmica para las regiones con posible desarrollo urbano que puedan ser implementados en los POT municipales y de esta manera reducir en lo máximo daños a la infraestructura que se ocasionan ante un evento telúrico, ya que la sismicidad en Cundinamarca y regiones aledañas es alta comparada con otras zonas del país; según el Servicio Geológico Colombiano (antes Ingeominas) “la amenaza sísmica en la región de Cundinamarca está asociada principalmente, con el sistema de fallas del Borde Llanero, y en menor medida con las fallas del Valle Medio del Magdalena”.

El sismo más reciente que ha afectado a Cundinamarca ocurrió el 19 de enero de 1995, con epicentro cerca de Tauramena (Casanare), afectando principalmente los municipios limítrofes con Boyacá y Casanare, como Tibirita, Manta y Junín, causando averías en decenas de viviendas, de acuerdo con el atlas básico de amenaza sísmica del departamento de Cundinamarca, se observa que el territorio tiene zona de amenaza sistémica intermedia y alta, distinguiéndose cuatro grandes zonas de aceleración sísmica; la zona de mayor vulnerabilidad se ubica entre las provincias de Medina y Guavio, oriente y la zona sur de la provincia del Sumapaz y los municipios con amenaza alta son: Cabrera, Cáqueza, Chipaque, Choachi, Fomeque, Fosca, Gachala, Gacheta, Gama Guasca, Guayabetal, Gutiérrez, Junín, Macheta, Manta Medina, Paratebueno, Quetame, San Bernardo, Tibirita, Ubala, Ubaque, Une, Venecia, los otros municipios se clasifican como amenaza intermedia.

Es claro que los efectos de un sismo dependen de sus características intrínsecas, tales como la magnitud, el tipo de falla generadora, la profundidad del epicentro; pero también dependen en gran medida de las condiciones locales del sitio afectado. En los años recientes se han logrado importantes avances en el reconocimiento de diferentes agentes que inciden directamente en el peligro sísmico de la nación. La incorporación de estos nuevos antecedentes, junto con una mejor comprensión de la actividad sísmica relacionada con fallas activas, los avances en sismotectónica y la incidencia de sismos ocurridos contribuyeron a la elaboración de la Norma Sismo Resistente del 2010.

Por esto es esencial el conocimiento de la amenaza sísmica ya que se convierte en una herramienta fundamental en el desarrollo de infraestructura y urbanismo de las 16 provincias del departamento, ya que puede brindar conocimiento en la reducción de los riesgos sísmicos y así establecer las características de construcción que deberían ser imprescindibles ante el planteamiento de realización de cualquier obra de ingeniería, adicionalmente debe tenerse en cuenta el proceso actual de migración desde el sector urbano hacia las cabeceras municipales, lo que generará un desarrollo urbano prometedor, de tal manera que el progreso de estos municipios debe estar sustentado en estudios de toda índole (sísmico, geológico, ambiental, sanitario, administrativo, entre otros), demandando una planeación seria y responsable por absolutamente todas las autoridades gubernamentales a nivel departamental y municipal, cuando suceda alguna catástrofe en nuestro departamento las consecuencias sean predecibles y tanto las autoridades como la ciudadanía logren dar un respuesta oportuna y correcta de acuerdo a la circunstancia.

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